UN POCO DE HISTORIA
En 1963 publiqué mi Proyecto de un Atlas Lingüístico y Etnográfico de Aragón. Era, ni más ni menos, el propósito de continuar algo que pudiera ser un monumental Atlas de las Hablas y Culturas Populares de España, al que el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía había hecho caminar. Cierto que las pretensiones eran de enorme ambición y, tal vez, nada fáciles de realizar y mucho menos de obtener unos medios de trabajo que les pudieran dar vida. Pero el refranero, que vale para todo, había encontrado fórmulas que conviene no olvidar: si quien no se arrisca no aprisca o no se pescan truchas a bragas injutas, merecía la pena el riesgo si nos iba a llevar hasta los frutos.
Mi vida son mis libros, decía Lope, y no sé si la exégesis que doy a su verso es la que mejor conviene. Sí, la que me justifica. En agosto de 1952 hice la primera encuesta del Atlas de Andalucía, y el 8 de julio de 1978 acabé la última del de Santander: veintiséis años que, entre otros muchos quehaceres, he pasado peregrinando por las tierras de España y hablando con nuestras gentes. Desde Santiago de la Espada a San Sebastián de Garabandal, los libros de mi vida y mi vida en libros. Los libros se llaman ahora, y me limito a la descarnada enumeración de títulos: Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía, Atlas Lingüístico y Etnográfico de las Islas Canarias, Atlas de los marineros peninsulares, Atlas de Aragón, Navarra y Rioja, Atlas de Santander, Atlas de España y Portugal. Unas veces pedaleé en solitario, otras me ayudaron amigos cuyo nombre no olvidaré mientras viva. Pero los días son cortos y la mies es mucha: en Andalucía colaboraron conmigo gentes de mi misma edad; en Santander, al transcribir la última palabra del cuestionario, a mi lado estaban José Antonio Mayoral y Carlos Alvar, mi hijo. Toda exégesis eludo.
Esta obra que hoy empieza su andadura pública no es, pues, un quehacer ocasional. (¿Cómo podría ser ocasional un Atlas?) Es, ni más ni menos, una experiencia repetida y que viene a incorporar nuestra patria a esos inventarios -los más ricos, los más duraderos- que son los atlas regionales. Por no salir del mundo románico, diré que es la empresa que en Francia tiene todo un aparato de investigación montado para que el proyecto se lleve a cabo o que en Rumanía se instaura dentro de la sólida disciplina -tan ejemplar- de su Academia de Ciencias. Basten esos dos ejemplos. Pero nuestra realización tiene un carácter distinto, según he señalado otras veces, y va siendo hora de que, en ciencia, al menos dejemos de ser diferentes. También lo he escrito: cada español digno de serlo tiene su propio 98. El mío se ha desparramado mucho, pero algo de él queda en estos mapas.
PROYECTO Y REALIDAD
El Atlas se empezó reducido a Aragón, pero razones lingüísticas y académicas me hicieron ampliar los postulados iniciales. De una parte, Logroño; de otra, Navarra. (En Navarra quise ir preparando un Atlas por 1950, pero no supe hacer rodar las cosas y mi deseo se quedó en unos cuantos muñones, muy tarde entrevistos). Tenemos, pues, un mundo complejo que, ampliamente, abarca la cuenca media del río Ebro. Geografía e historia han hecho que los resultados de hoy tengan mucho que ver entre sí, y ahora nos asomamos con lingüística y etnografía para aprender lo que ignoramos. No busco coincidencias ni discrepancias: cada realidad es entrañable y por su respeto me afano. El ámbito estudiado es amplísimo y gracias a ello la geografía lingüística encontrará muchos motivos en este Atlas y podrá enunciar conclusiones útiles para todos, lingüistas o no. Creo que esto es lo que importa. La inclusión de puntos fuera del dominio estudiado (en Burgos, en Vitoria, en Guadalajara, en Cuenca, en Valencia, en Castellón) han de ser muy útiles para ofrecernos la posibilidad de ampliar nuestros intereses, o los intereses de quienes algún día nos sucedan.
En el trabajo de 1963 di informaciones sobre lo que entonces no pasaba de ser un proyecto y, de vez en cuando, Antonio Llorente y yo hemos ido comunicándonos con los curiosos. Hoy las cosas se presentan -ya- de otro modo.
Redacté el cuestionario, seleccioné puntos, obtuve medios. Para lo primero, tuve la ayuda de Antonio Llorente, que leyó las preguntas y me propuso otras; así se imprimió el volumen que hemos ido preguntando pueblo por pueblo. Las discrepancias (no creo que muchas) entre lo que se puede ver en el Proyecto y lo que es el Cuestionario se deben a esta doble lectura a que acabo de referirme.
La selección de puntos es de mi exclusiva responsabilidad. Como siempre, he tomado como base no la provincia, sino la organización mucho más real que es el partido judicial; dentro de él selecciono un 25 por 100 de los municipios, que son los que figuran en el mapa. No es esta la ocasión de defender el criterio, cuyos resultados parecen óptimos; si hubiera encontrado otro mejor, lo hubiera seguido, aunque fuera de minerva ajena. Claro que hay puntos distintos de los que se pensó en un principio, pero esto es ya responsabilidad de cada explorador: sobre el terreno él sabe más que nadie de lo que está haciendo y, a veces, también tiene dificultades que no puede salvar. En tales casos, no merece la pena apretar el torniquete: es preferible buscar cobijos menos hostiles. Que de todo hay, o ha habido.
En cuanto a los exploradores, hemos sido tres (Antonio Llorente, Tomás Buesa y yo) desde el principio hasta el fin. Los tres fuimos compañeros de estudios en Salamanca y los tres habíamos trabajado en empresas dialectales. Si Llorente y Buesa, o Buesa y Llorente, han colaborado en una empresa que yo proyecté, se debe a su generosidad, a su lealtad y a su espíritu científico. Algo que no es cotizable en el bajo mundo en que nos movemos; para ellos quisiera acuñar una palabra inédita que sustituyera a la tan borrosa de gratitud.
Cumplidas todas estas tareas (cuestionario, selección de puntos, encuestas), despojamos los materiales obtenidos, que pasaron a los llamados "cuadernos de formas". Colaboraron con nosotros los ayudantes de nuestras cátedras, sin que nosotros rehuyéramos la penosa tarea de copistas (ahí están millares y millares de palabras de nuestros puños y letras); lo que no amengua el reconocimiento hacia tanto entusiasmo juvenil como nos honró, sino que dice -lisa y llanamente- la verdad.
Esos 2.558 cuadernos de formas han dado pie para redactar todos los mapas del Atlas. Tarea que no voy a ponderar porque la he hecho yo solo. La redacción de la totalidad de la obra es exclusivamente mía: unificar (nunca corregir las transcripciones fonéticas, que son intocables), suprimir, desdoblar, referir... tarea de años y años. Y, luego, los problemas de la etnografía, y corregir pruebas (una y otra vez), agotando los ojos sobre la plantilla y el papel vegetal. Pero esto pertenece a la naturaleza de la obra, "y dejallo he".
La ordenación de los materiales etnográficos requiere un breve aviso, porque también es justo. Con la experiencia de otros trabajos nuestros, Elena Alvar clasificó miles y miles de fotografías y dibujos, fijó un triple sistema de referencias, utilísimo, y permitió -de una parte- que los dibujos se hicieran con orden y sistema, y que los materiales estén a disposición de todos los investigadores temática, numérica y fotogáficamente ordenados.
PUNTOS DE ENCUESTA Y REPRESENTACIÓN EN LOS MAPAS
Igual que en los Atlas anteriores, los puntos van representados en cada mapa con una sigla (la que la provincia tiene en el Ministerio de Obras Públicas) y un número de tres cifras; como la explicación se dio en el ALEA, no merece la pena repetir. El número de las centenas sirve para orientar al lector: 1 y 2 hacen referencia al norte, 3 y 4 al centro, 5 y 6 al sur de cada provincia; los impares al occidente y los pares al oriente.
Si la densidad de puntos impide la lectura cómoda del mapa, desplazamos la respuesta a un sitio visible (habitualmente al ángulo inferior derecho), bien haciéndolo constar con una llamada parecida a un calderón.
Los puntos investigados, numéricamente, son: Huesca, 41; Zaragoza, 30; Teruel, 36; Navarra, 36; Logroño, 21; Burgos, 1; Vitoria, 2; Guadalajara, 2; Cuenca, 2; Valencia, 2; Castellón, 3. Total: 135 localidades.
EXPLORADORES Y CLASES DE ENCUESTAS
Los 125 puntos fueron investigados del siguiente modo (véase mapa 1): Antonio Llorente, 99; Tomás Buesa, 46; Manuel Alvar, 41. En alguna de las campañas de encuesta nos acompañaron alumnos de la Universidad de Granada que hicieron así sus prácticas de dialectólogos.
Cuando las circunstancias lo requerían hicimos encuesta con más de un informante (véase el índice de signos) y en algún punto -para obtener la máxima homogeneidad en nuestros criterios- transcribimos dos o los tres exploradores del Atlas, según puede verse en el mapa núm. 1, mencionado líneas anteriores.
Siguiendo, también en esto, criterios conocidos, hemos interrogado en las capitales de provincia a varios informantes de barrios distintos, estratos sociales diferentes y niveles de cultura desiguales (ALEA, I, pág. 2, col. b).
ESTRUCTURA DEL ATLAS
Para la condición de nuestros mapas (onomasiológicos, etnográficos) nos hemos atenido a prácticas anteriores. Tratamos de coordinar, no de innovar, salvo en los casos exigidos por una mayor perfección técnica. Así, pues, todo cuanto he dicho a propósito del ALEA o del ALEICan es válido en estos momentos. También la representación de las "cosas", como complemento de cuestiones lingüísticas, como entidad etnográfica autónoma, es la misma que he utilizado en las otras regiones a las que dediqué mi interés. La conexión de mapas lingüísticos y etnográficos o láminas de dibujos está asegurada por un sistema sencillísimo de referencias internas.
Si los mapas lo exigen, intercalamos fotografías, además de los dibujos. Unas son imprescindibles (paisajes, casas, etc.), otras tratan de completar textos o dar la realidad de lo que los dibujos (y es su fin) ofrecen de manera más esquemática.
Los mapas son, pues, puntuales (transcripción fonética rigurosa de cada cuestión), elaborados (simplificando por medio de signos lo que no tiene mayor interés fonético), mixtos (puntuales y elaborados a la vez). Lógicamente, los mapas etnográficos sólo pueden ser de signos y, en algún caso, el concepto se desdobla en sendos mapas (onomasiológico y etnográfico).
EXPLICACIÓN DE LOS MAPAS
Cada mapa tiene una doble numeración: en el ángulo superior derecho, la del mapa; en el izquierdo, la de la lámina. El número del mapa figura, además, sobre el título, dentro del recuadro.
La rotulación se hace en el ángulo superior izquierdo del marco y, si es necesario, a continuación figura el nombre científico (de animales o plantas). He prescindido de traducciones a otras lenguas y referencias a otros Atlas románicos, porque con ello no hacia sino repetir lo que ya quedaba consignado en el ALEA y vuelto a consignar en el ALEICan. La reducción -sobre ser simplificadora- ha permitido ganar espacios, que nos son muy útiles para las numerosísimas observaciones que nos obliga a hacer la abundancia de los materiales disponibles. Sin embargo, hacemos referencia a los Atlas regionales del dominio castellano porque facilitan las consultas y trabajos de los hispanistas: quien quiera estudiar el mundo románico ahí tiene mis dos empresas cartográficas anteriores en las que consta esta información.
El modo de formular la pregunta suele estar en la parte superior derecha del mapa o bajo el propio título. En éste como en otros casos, los materiales incluidos en cada lámina tienen unas exigencias que pueden modificar el esquema apriorístico. No hay, sin embargo, ninguna duda en cuanto a la interpretación de los hechos.
A veces -y siempre en la parte superior del mapa- se pueden encontrar notas explicativas de carácter general, con las que queremos aclarar detalles que ayudan a entender los materiales cartografiados. Y, en los mapas elaborados, procuramos poner en ese sitio los signos que se usan, si bien hay que tener en cuenta que -como siempre- las pretensiones del editor se supeditan a los planteamientos del mapa.
Como poseemos un inmenso caudal, que deseamos hacer útil para todos los investigadores, hemos necesitado poner muchísimas adiciones. Unas veces para incorporar de algún modo lo que no figuraba en el cuestionario, pero que se ha repetido reiteradamente a lo largo de las encuestas; otras, para dar toda la información que tenemos sobre temas que no merece la pena cartografiar, pero que es necesario conocer. En principio, tales adiciones -encabezadas por un título escrito con letras mayúsculas negritas- figuran en el ángulo superior derecho del mapa, y continúa en otros espacios blancos, si la ocasión lo requiere, y la claridad lo exige. Cuando los materiales son muchos, pero heterogéneos, se han redactado láminas enteras de adiciones, con lo que los mapas quedan cómodamente legibles y los anejos no tienen ninguna limitación de espacio.
Las notas particulares van agrupadas bajo una cruz en el ángulo inferior izquierdo del mapa y los desplazamientos de transcripciones, en el derecho, bajo una especie de calderón. A veces, estos últimos ocupan más espacio, sin que ello dificulte las cosas, pues el lector encontrará siempre el signo de calderón, como lo encontrará en el punto correspondiente del mapa. En algún caso, eran tantas las notas que hemos puesto láminas enteras para aclarar un mapa anterior. Consignamos la circunstancia y hacemos las oportunas referencias.
Las respuestas van siempre bajo la sigla y cifra que representan a la localidad; de este modo, nunca habrá posibilidad de confusión.
Las abreviaturas a los otros atlas se hace según la siguiente tabla:
ALEA: Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía, por M. Alvar, con la colaboración de A. Llorente y G. Salvador.
ALEICan: Atlas Lingüístico y Etnográfico de las Islas Canarias, por M. Alvar.
Las cifras en número romano hacen referencia al tomo de la obra y las arábigas al número del mapa. Si se trata de lámina no cartográfica, se pone la abreviatura lám.
CAPÍTULO DE GRACIAS
La obra ha sido larga: dieciséis años de trabajo han exigido mucha generosidad por parte de las corporaciones que atendieron nuestras peticiones. Consten -en emocionado recuerdo- quienes nos han ayudado:
Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Fomento de Ayuda a la Investigación en la Universidad.
Comisión Asesora para la Investigación (Presidencia del Gobierno).
Institución Fernando el Católico de Zaragoza.
Hasta el momento de firmar este prólogo, y cuando hay en la imprenta cuatro volúmenes de la obra, nos han dedicado sus esfuerzos:
Elena Alvar, como etnóloga.
Braulio Díez Martín, como cartógrafo.
Julio Alvar, como dibujante.
Editorial La Muralla, que ha cuidado todos los aspectos de la edición.
De nuestros colaboradores, hemos de señalar especialmente a Julio Alvar, que nos acompañó en muchísimas encuestas para obtener esquemas y dibujos del natural. Los materiales -espléndidos materiales- fueron exhibidos, antes de editarse, en una exposición patrocinada por la Institución Fernando el Católico, en las salas de la Diputación Provincial de Zaragoza (abril de 1973). A todos (organizaciones y personas) debe gratitud esta obra. Y yo, públicamente, hago constar la deuda contraída.
MANUEL ALVAR
La Goleta, 30 de abril de 1979.