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Uno de los principales problemas a resolver para la confección de un
mapa de esta índole es la consideración de unas demarcaciones
territoriales inexistentes en los siglos anteriores a la formación del
reino de Aragón. Es importante, pues, de entrada hacer la
aclaración de que este conjunto de ciudades que acuñaron moneda
por voluntad romana desde principios del siglo II a. de C. estaba integrado en
la Hispania Citerior y desde Augusto, en el Conventus Juridicus
Caesaraugustanus. En ambos casos, los límites abarcan evidentemente
un ámbito geográfico que sobrepasa con creces el pretendido por
este Atlas.
El conocimiento y distribución de los talleres responsables de las
primeras emisiones con leyenda en alfabeto ibérico estuvieron
subordinados a la política de conquista que siguieron los generales
romanos desde su desembarco en Ampurias. No fue así en las áreas
mediterráneas donde el conocimiento y acuñación de la
moneda vino ligado a la colonización griega. Los griegos iniciaron sus
acuñaciones en el Mediterráneo occidental a mediados del siglo V
a. de C., y las mismas Rhode y Emporiae, desde principios del III, ponen
en circulación sus series de plata bajo la sucesiva influencia
helénica y cartaginesa, muchas de las cuales fueron copiadas por
comunidades célticas de la Galia e indígenas de la vertiente sur
de los Pirineos. Estas dracmas ibéricas de imitación emporitana
que, formaron parte de los botines de guerra, deben guardar relación con
el argentum oscense mencionado por LIVIO.
Centrándonos en la cuenca aragonesa, la cronología de las
acuñaciones más antiguas corresponde a Kelse, en torno al
primer cuarto del siglo II a. de C., siguen en una primera fase Seteisken y
Sekaisa, más tarde Alaun, Saltuie, Lakine y otras. La mayor
densidad emisora está en relación con dos grandes conflictos
bélicos, el celtibérico y el sertoriano-pompeyano, es decir
posterior al año 133 y desde el 83 hasta la muerte de Sertorio. Luego,
en una fecha imprecisa que puede rondar en torno al 45 a. de C., tras otro
enfrentamiento bélico, esta vez entre cesarianos y pompeyanos,
tendrá lugar la desaparición de una buena parte de los talleres
indígenas.
Las ciudades que gozaron del derecho de amonedar bronce (sólo
excepcionalmente plata) en el período republicano se articulan a lo
largo de la principal arteria de comunicación, el Ebro y sus afluentes
de la derecha, principalmente el Jalón-Jiloca en dirección a la
Celtiberia. La influencia de los patrones y la tipología de las cecas
costeras e lltirta queda patente en la mayoría de las sedetanas y
se extiende hacia la Suessetania y zona ilergete-pirenaica, con una
desviación hacia la Vasconia, donde encontramos ya fuera de nuestros
límites un grupo con unas características particulares.
Ahora bien, en todo el conjunto sin duda el grupo de mayor relevancia es el de
la Celtiberia, una zona de enorme conflictividad donde los romanos hallaron
serias dificultades para la conquista y necesitaron de un importante volumen de
moneda para enfrentarse a las soldadas de los indígenas enrolados en sus
filas, amén de los estipendios que éstos debían pagar a
sus dominadores. Turiasu y Belikiom, en el límite de la
Sedetania utilizan los delfines de ésta en algunas emisiones, y la
primera ejerce influencia en Nertobis y Bursau enlazando algunas
emisiones con las del grupo vascón. Por su parte Sekaisa, como
Bilbilis en una posición estratégica en la entrada a la
Celtiberia, se nos presenta con una sistematización compleja debido al
uso de varios y distintos patrones metrológicos.
No es fácil hacer una distribución geográfica de los
talleres indígenas puesto que sigue habiendo una gran imprecisión
en la localización de numerosas cecas. Son acertadas las ubicaciones de
Bolksan, Bursau, Turiasu, laka o Saltuie, entre otras, porque el
topónimo ha perdurado históricamente con escasas
variantes, a pesar de que los niveles de ocupación anteriores al
cambio de Era no están suficientemente corroborados en todos los
casos. Recientemente asistimos a la polémica situación de la
Bilbilis celtibérica en el yacimiento bilbilitano de Valdeherrera
frente a la imperial Augusta Bilbilis; o bien Tamaniu que, de
situarse hace unos años en tierras navarras hoy los últimos
descubrimientos arqueológico-numismáticos apuntan a su
ubicación en Hinojosa de Jarque (Teruel). Empezamos a conocer restos de
la laca contemporánea a la actuación de Catón
gracias a recientes trabajos en uno de sus solares urbanos. Insuficiente es la
investigación de la sertoriana Bolskan, de la que por otra parte
tantos testimonios histórico-numismáticos disponemos.
Sin duda, la ciudad que César erigió sobre el antiguo oppidum
Kelse tuvo un carácter de dominio político y
económico en el valle medio del Ebro, aunque por poco tiempo, al ser
reemplazada por Caesaraugusta. Excepcional es la yunta fundacional que
exhiben sus series acuñadas durante el segundo proconsulado del
triunviro Lépido en la Citerior, como también lo es el elefante
de los denarios bilingues de Usekerte Osicerda, ceca de ubicación
incierta. Otros talleres que preceden a los imperiales perpetúan tipos
acuñados en el período anterior, así el anverso con cabeza
barbada de los denarios oscenses en Cn. Domitio Calvino acuñados tras su
victoria sobre los ceretanos, o los ases con el jinete ibérico de
Bilbilis Italica y Turiaso Silbis. Más tarde solamente
Osca seguirá acuñando con este tipo.
Conocemos mejor las ciudades que continúan sus emisiones a lo largo del
período imperial. Tras las reducidas acuñaciones cesarianas, la
reforma monetaria de Augusto significa entre otras cosas la potenciación
de una serie de ciudades qué habían destacado anteriormente.
Después de Calígula las únicas amonedaciones que se
autorizan son las de la metrópoli y las emisiones fraudulentas de
época de Claudio lo serían posiblemente para subsanar las
deficiencias en la llegada del metal a las provincias.
En resumen, hay un hecho a destacar en el conjunto de las series del jinete, y
es que la uniformidad tipológica, no de metrología, desarrollada
en la mayor parte del valle del Ebro durante un siglo poco más o menos,
lo fue indudablemente por imposición romana. En las emisiones
imperiales, con unos reversos más diversificados, entre los que destaca
el toro, adoptado por un gran número de cecas de la Tarraconense, no
puede faltar la imagen del emperador que garantiza su legalidad, al estilo de
la metrópolis, y los nombres de los responsables monetarios, ambos
elementos básicos para su datación y para conocer la
evolución de estas magistraturas municipales. En la primera mitad del s.
I. d. de C. Ia centralización monetaria acabará definitivamente
eon las acuñaciones locales en la Península.
BIBLIOGRAFIA
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