ÍNDICE POR ÉPOCAS

EDAD MODERNA

65. DIVISIONES ADMINISTRATIVAS: SOBRECOLIDAS, VEREDAS Y CORREGIMIENTOS · E. Jarque Martínez.

El origen de las «Sobrecollidas» está relacionado con la recogida de los impuestos que gravaban el comercio. Nacidas en el siglo XIV, tendrían una lenta evolución y hasta la segunda mitad del siglo XV no se organizarían por completo, formando divisiones territoriales administrativas cuyo ámbito abarcaba todo el reino aragonés.

Desconocemos en qué momento adquirieron la configuración que perduraría con escasos cambios hasta comienzos del siglo XVIII, pero en el año 1495, fecha en la que se elaboró un censo de la población aragonesa con fines fiscales, los límites de todas ellas ya estaban claramente definidos. El número de sobrecollidas era de once y, a excepción de la de Ribagorza, recibían el nombre de su localidad más importante.

Lindaban con el reino francés las sobrecollidas de Jaca, Aínsa y Ribagorza. La de Jaca controlaba los caminos pirenaicos occidentales, tanto hacia Francia por Ansó, Hecho y Canfranc, el más importante, como hacia la vecina Navarra por Puente la Reina. La de Aínsa daba acceso a Francia a través de los valles de Broto, Bielsa y Gistaín, extendiéndose por el Sur y Oeste hasta Boltaña y la Guarguera. La de Ribagorza, cuyos límites no coincidían exactamente con los del antiguo Condado, tenía como objetivo la percepción de las tasas sobre las mercancías procedentes de Cataluña o del valle de Arán.

Al Norte del Ebro estaban situadas las sobrecollidas de Huesca y Barbastro. La de Huesca tenía como centro la capital oscense desde donde partían varios caminos hacia los Pirineos, Cataluña y la capital aragonesa. La de Barbastro, conformada a lo largo del eje del Cinca, dominaba todas las rutas que procedían de Francia a través de Aínsa y Ribagorza, las de Cataluña en el tramo Bujaraloz-Fraga e incluso la vía fluvial del Ebro en el límite de Aragón. Su importancia era decisiva en la economía impositiva aragonesa.

En el centro del valle del Ebro se ubicaban, de Oeste a Este, las sobrecollidas de Tarazona, Zaragoza y Alcañiz. La de Tarazona dominaba el curso del Ebro desde la frontera Navarra hasta las puertas de la capital aragonesa y controlaba los caminos paralelos que daban acceso a Castilla, a través de Borja y Tarazona, y a Navarra por Tauste, Ejea y Sos. La de Zaragoza era origen y término de las rutas comerciales más importantes de Aragón, tanto terrestres como fluviales: hacia Bearn por el curso del Gállego, hacia Cataluña por los Monegros, hacia la meseta castellana por La Muela o hacia Valencia por el curso de La Huerva. Sin duda la vía más importante era el propio río Ebro, todavía navegable a fines del siglo XV. La sobrecollida de Alcañiz presentaba la particularidad de no tener unidad territorial. El núcleo occidental estaba integrado por las localidades de Alfamén, Almonacid de la Sierra, Alpartir, Almunia de Doña Godina y Ricla. El oriental, más extenso, se extendía en torno a Alcañiz. Desde esta sobrecollida se dominaban las vías que daban acceso al bajo Ebro por Gandesa y a la costa castellonense por Morella.

Al sur del Ebro se situaban las sobrecollidas de Calatayud, Daroca y Montalbán. La de Calatayud se articulaba en torno a la cuenca alta del Jalón que daba acceso al reino de Castilla. También la de Daroca dominaba los accesos a Castilla desde Daroca y Monreal del Campo y por ella transcurría otra de las rutas claves del comercio aragonés: Zaragoza-Valencia. La sobrecollida de Montalbán, la más extensa, se extendía por las sierras turolenses y dominaba las comunicaciones con el reino valenciano. El eje principal era el que unía Teruel con Segorbe. Una ruta secundaria daba acceso a Cuenca en el reino castellano.

La división territorial por sobrecollidas se mantendría hasta mediados del siglo XVII. En 1646 las Cortes aragonesas reunidas en Zaragoza ordenaban la realización de un nuevo recuento de población. Las distintas localidades quedaron agrupadas en «veredas».

En general, los límites de las veredas reproducían los de las sobrecollidas, pero se produjeron algunas modificaciones reseñables: desapareció la sobrecollida de Aínsa, que quedaría incluida en la vereda de Jaca. El núcleo occidental de la sobrecollida de Alcañiz pasó a integrarse en la vereda de Calatayud, con lo que la nueva vereda de Alcañiz presentaba unidad territorial. Pero los cambios más importantes se dieron en la antigua sobrecollida de Montalbán dividida ahora en dos veredas: la de Montalbán y la de Teruel que presentaba la particularidad de extenderse en seis áreas discontinuas.

Con la llegada de la dinastía borbónica y la promulgación de los Decretos de Nueva Planta que acababan con el reino de Aragón como entidad política diferenciada se iban a producir cambios radicales en todo el funcionamiento jurídico, político y administrativo. Se importó el aparato institucional castellano y con él su sistema de división territorial, el corregimiento. En 1711 se creaban trece corregimientos. Se partía para la reforma de dos puntos básicos: la existencia de once ciudades, que serían las cabeceras territoriales, y de dos regiones históricas netamente diferenciadas, Cinco Villas y Ribagorza, cuyas capitales se ubicaron en Sos y Benabarre respectivamente. Como ha puesto de manifiesto A. UBIETO, la división presentaba incongruencias tales como seguir los cursos fluviales o las divisorias de aguas, pasando por alto la existencia de los términos municipales, con lo que se dio el caso de localidades cuyo término pertenecía a dos corregimientos. Al frente de las nuevas divisiones territoriales se situaba un corregidor con funciones judiciales y político-administrativas. Fracasados sucesivos intentos de reforma administrativa para toda España a principios del siglo XIX, los corregimientos iban a prolongar su existencia hasta 1833, año en que entró en vigor la división de España en provincias.

BIBLIOGRAFÍA

.ADIEGO, R y LAGUENS, M. (1986): Cartografía del Reino de Aragón. Siglos XVI-XIX.  Zaragoza.
.LABAÑA, J. B. (1959): "Itinerario del reino de Aragón". J. García Mercadal, Viajes de extranjeros por España y Portugal, II, pp. 2.248-2.250. Madrid.
.LEZAUN, T. F. de (1990): Estado eclesiástico y secular de las poblaciones y antiguos y actuales vecindarios del reino de Aragón, ed. facsímil. Zaragoza.
.UBIETO ARTETA, A. (1983): Historia de Aragón. Divisiones administrativas, pp. 165-270. Zaragoza.

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