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La ausencia de conjuntos de necrópolis en Aragón es algo que
llama la atención al revisar los hallazgos de tipo funerario de
época romana.
Ello contrasta con la tradición funeraria del mundo romano, el culto a
los muertos y el deseo de perpetuar la memoria del difunto lo que en muchos
casos convierte las sepulturas en auténticos monumentos.
Son pocos los conjuntos de necrópolis excavados, a excepción del
caso de Coscojuela de Fantova con importantes restos epigráficos y una
serie de laudas sepulcrales que proyectan el conjunto desde el siglo I y II
hasta el Bajo Imperio, ya cristianizado, del s. IV. Podemos hacer referencia
asimismo a la excavación de la necrópolis de Huesca capital y las
de Caesaraugusta que sitúan dos de las áreas cementeriales de la
ciudad en la calle Predicadores y en la zona de Las Fuentes, ambas extramuros y
con un amplio margen cronológico de uso. En la de Predicadores se
localizaron incluso restos de algún discreto monumento funerario del s.
II.
Pequeñas necrópolis se localizan dentro de la provincia de
Zaragoza, en Botorrita, Osera, Paniza, Calatorao..., con tumbas de tegulae
en su mayoría y de clara cronología tardorromana; como las de Albarracín, Cucalón y Albalate en Teruel o las de
Bascués,
Monzón, Fraga y alguna noticia antigua referida a Presiñena en
Huesca.
De hallazgos sueltos podemos calificar los sarcófagos decorados de
Tarazona, Chalamera y los fragmentos procedentes de Gallur, así como uno
de plomo procedente de Estada y los dos de piedra localizados en Torrente de
Cinca y Sos del Rey Católico. Enterramientos de tegulae, aislados
y sin contexto, han aparecido en Muel, Puypullín, Tarazona y en la Pieza
de la Hijuela II (Teruel).
Estos datos se suman a los restos epigráficos funerarios, teniendo en
cuenta en este casolos posibles desplazamientos y nuevas ubicaciones que estas
piezas han podido sufrir en fechas posteriores a su utilización
funeraria.
La escasez de los datos que constatamos, a la vista de estos ejemplos,
contrasta con la fuerte romanización del territorio aragonés que
sin embargo, sí es patente en los ejemplos monumentales de que
disponemos.
Tenemos un nutrido e importante grupo de edificios funerarios que se localizan
precisamente en dos de las zonas más densamente romanizadas de nuestro
territorio.
Por un lado el núcleo del Bajo Aragón en el que se sitúan
Fabara y los restos de Miralpeix trasladados a Caspe, ambos respondiendo a una
esquema de sepulcro-templo con cella y conditorium; el de Chiprana,
monumento familiar empotrado en la ermita de la Consolación y del que
sólo conocemos uno de sus paramentos exteriores, los restos incompletos
de Dehesa de Baños sólo identificable por sus elementos
decorativos y epigráficos y el desaparecido de Santa María de
Horta descrito por M. V. VALIMAÑA.
El segundo núcleo es el de las Cinco Villas con los ejemplos de los
ATILII, en cuya única fachada conservada repite el modelo de la de
Chiprana pero con una mayor profusión y riqueza de elementos decorativos
e iconográficos y el de La Sinagoga ambos en Sádaba; el
desmontado y reaprovechado de Sofuentes con frisos de armas, guirnaldas y
Attis funerarios junto con máscaras trágicas y elementos
epigráficos que lo relacionan con la familia de los ATILII; y en la
misma zona los restos del monumentos de Farasdués identificado con un
bustum.
Ambos conjuntos son de época imperial, construidos por ricas
familias de terratenientes con posibilidades de costearse lujosos enterramientos, siguiendo los modelos que desde el siglo II se extienden
por todo el Imperio. El de La Sinagoga sin embargo responde a un modelo
más tardío del Bajo Imperio tanto por su planta cruciforme como
por su aparejo de opus mixtum caracteristico de todo el siglo IV.
Casi todos estos edificios tienen asociadas las villas agrícolas en
donde vivían las acomodadas familias titulares de los mismos.
En los últimos años se han identificado dos nuevos monumentos
funerarios a partir de elementos ya conocidos, intentándose una
aproximación a su posible reconstrucción.
En ambos casos están desmontados y reutilizados en sendas ermitas, lo
que al mismo tiempo es una constante que puede apreciarse en muchos edificios
de este tipo: el lugar funerario, lugar de culto ya de por sí, mantiene
su carácter religioso una vez cristianizado en época medieval, e
incluso algunos ya anteriormente se convierten en martiria.
La ermita de Velilla de Cinca, en las proximidades de Fraga y por lo
tanto relacionado con el núcleo bajoaragonés, se ha querido
identificar con un edificio similar a Fabara, de tipo templo. El segundo
monumento se localiza desmontado y reutilizado como en el caso anterior, en la
ermita de la Virgen del Cid, en La Iglesuela del Cid (Teruel) y próximo
asimismo al núcleo del Bajo Aragón. Más rico en elementos
decorativos y con abundante epigrafía en su entorno, referida a la
familia de los DOMITII, se ha identificado con un modelo de tipo turriforme con
aedicula con una cronología aproximada del siglo II, muy en
relación con modelos mediterráneos. Está asociado al
yacimiento del Morrón del Cid.
Más difíciles de definir son los restos localizados de antiguo en
Alcañiz identificados por BARDAVIU con un sepulcro romano, y a los que
se han sumado nuevos elementos arquitectónicos que bien podrían
apuntar a la existencia de una construcción funeraria de época
imperial. Y de todo punto imposible constatar las noticias que nos han quedado
de la existencia de <<columbarios>> en Albalate del Arzobispo y
otras semejantes referidas a Zuera.
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