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87. LA POBLACIÓN MUDÉJAR Y JUDÍA (baja Edad Media)

Uno de los mayores inconvenientes que plantean los grandes espacios reconquistados en los siglos XII y XIII, fundamentalmente en el primero, fue la carencia de pobladores cristianos capaces de repoblarlos. No faltó una legislación favorecedora e incitadora por parte de los reyes, pero toda la Península estaba embarcada en una tarea semejante. Los franceses que atravesaron el Pirineo se volvieron en su mayor parte una vez terminada la lucha que les había traído, sobre todo la toma de Zaragoza [v. mapa 52], y los "mozárabes" llegados con Alfonso I desde Andalucía fueron relativamente pocos e insuficientes.

La carencia de repobladores movió a los reyes aragoneses a pactar con los musulmanes que vivían en las poblaciones recién conquistadas, asegurándose la permanencia de éstos mediante capitulaciones: así surgieron los denominados "mudéjares", cuya presencia delatan hoy multitud de torres mudéjares [v. mapa 95].

En las ciudades, la población "mudéjar" -por miedo a su número y a los problemas posibles que se pudieran derivar del contacto con los nuevos dominadores- se concentró en barrios especiales llamados "morerías", en las que siguieron conservando sus propias autoridades religiosas y civiles.

Pero es en el campo donde es más patente su presencia; les vemos asentados preferentemente en los valles de los ríos Flumen, Guatizalema, Alcanadre-Cinca, Ebro, Huecha, Jalón-Jiloca, Huerva, Aguasvivas, Martín y Guadalope. En su mayor parte eran hombres de condición libre, con una libertad limitada por su obligada adscripción a la tierra que cultivaban y que no podían abandonar. Era el grupo social de los llamados "exaricos".

En 1525 se les obligó a convertirse al Cristianismo, denominándoseles desde entonces "moriscos", hasta que, a comienzos del siglo XVII (1610), se les conminó a abandonar el país, lo que dio origen a un vacío enorme no tanto por su número -puesto que sólo representaban, aproximadamente, un 11% del total de la población- sino por lo que significaban para la agricultura del Reino.

Si los "mudéjares" estaban distribuidos entre el campo y la ciudad, los "judíos" se asentaron con preferencia en los principales núcleos de población, donde fueron también aislados en barrios asimismo especiales, las "juderías". Su número era escaso, unos 3.500 a finales del siglo XV, pero su importancia, desde el punto de vista económico, era considerable. Este pueblo acusó como ningún otro los avatares económicos, viéndose sistemáticamente perseguido en épocas de recesión económica.