Entrevista con Jesús Martínez Verón, autor de «Fernando García Mercadal. Retrato de arquitecto con sombrero»
“García Mercadal consideraba la ‘Casa Grande’ como su mejor obra”
Jesús Martínez Verón (Calatayud, 1957) es doctor en Historia del Arte, Catedrático jubilado de Bachillerato y profesor en la UNED y el CNICE. Es especialista en arquitectura contemporánea aragonesa, sobre la que ha publicado una veintena de libros además de un extenso número de artículos, colaboraciones en obras colectivas y catálogos de exposiciones. Acaba de publica en IFC ‘Fernando García Mercadal. Retrato de arquitecto con sombrero’.
¿Qué aporta esta obra sobre las anteriores publicaciones sobre Fernando García Mercadal?
Hasta ahora siempre se había estudiado a García Mercadal como parte de una generación o por algunas de sus actuaciones suyas consideradas de manera aislada. Este es el primer libro que aborda la figura de García Mercadal de manera monográfica y con intención global. Gracias a ello, ‘Retrato de arquitecto con sombrero’ permite tener una visión completa de su trayectoria, tanto vital como profesional. Por otra parte, hasta la fecha el foco de sus estudios se ponía, sobre todo, en el periodo anterior a la guerra civil olvidando toda su inmensa labor posterior hasta bien entrada la década de los años 70. Además, en este caso no solo se aborda al García Mercadal arquitecto, también se recogen sus facetas como dibujante, fotógrafo, paisajista, conferenciante, escritor o promotor cultural.
Además se incluye el catálogo completo de sus obras.
Sí, por primera vez se incluye el catálogo completo, alcanzando los 371 proyectos, en su mayor parte construidos. Para elaborarlo ha sido necesaria una laboriosa tarea de consulta de archivos y fuentes de toda España.
¿Cómo afecta a su visión de la arquitectura su primer viaje a Europa tras la Guerra Mundial y los que continuaron?
Cuando García Mercadal cursa la carrera, en la Escuela de Arquitectura de Madrid no se tenía en cuenta para nada el debate arquitectónico que hay en Europa sobre la nueva arquitectura. Sus viajes por Centroeuropa son, para él, todo un descubrimiento. De inmediato entiende que es en los términos en los que se desarrolla ese debate donde radica la clave de la arquitectura de su tiempo. A partir de entonces se autoimpone la tarea de traer a España esa nueva forma de entender la arquitectura. Y no solo en sus formas racionalistas, sino también en aspectos como el urbanismo, la labor que corresponde a las instituciones públicas o la cuestión de la vivienda mínima. García Mercadal, además, deja pronto de ser un sujeto pasivo o un mero transmisor para convertirse en protagonista del proceso cuando participa en el I Congreso Internacional de Arquitectura Moderna impulsado por Le Corbusier, y en el delegado para España del CIRPAC.
Sus experiencias en Centroeuropa coinciden con sus viajes por Italia, Grecia y Turquía, en los que hace otro hallazgo: el de la arquitectura tradicional mediterránea. A partir de la simbiosis de ambas arquitecturas: racionalismo centroeuropeo y tradición mediterránea, García Mercadal elabora, en buena parte, lo que es su propio lenguaje constructivo.
Usted ha abundado en la faceta más personal del arquitecto. ¿Cuáles cree que sintió como sus principales frustraciones y sus principales éxitos?
Centrándonos en lo personal yo creo que la gran frustración de García Mercadal fue el fracaso del proceso de modernización y europeización de España que durante la década de los años 20 y primera mitad de los 30, lleva a cabo una élite intelectual entre la que él se cuenta como uno de sus protagonistas. La guerra civil corta de raíz este esfuerzo y ese movimiento modernizador es eliminado. Él mismo sufre la represión política y su trayectoria tanto vital como profesional sufren un duro castigo.
Tampoco habría que olvidar su desencanto ante el limitado reconocimiento que recibe como introductor de la modernidad arquitectónica en el país, tanto en su momento, cuando Sert le sustituye al frente del GATEPAC, o en la historiografía posterior representada en los estudios de Daniel Fullaondo y Oriol Bohigas.
En cuanto a lo que podría considerar él mismo sus éxitos, sin duda se sintió muy satisfecho de su obra, tanto de su periodo de vanguardia anterior a la guerra, como la que realiza para el Instituto Nacional de Previsión, extraordinaria desde todos los puntos de vista.
¿Y en su faceta personal?
Pienso que se sintió feliz de su vida íntima. Aunque en alguna de sus memorias parece haber echado de menos formar una familia propia, fue alguien que vivió con intensidad, viajó, exploró muy diversas aficiones e intereses, se mantuvo muy activo hasta sus últimos años, y siempre estuvo rodeado de un círculo de familiares y amigos, restringido pero que le llenó de satisfacciones.
¿Considera que hay obras de Mercadal que no hayan sido suficientemente reconocidas o conocidas?
Sí. Son bien conocidas en general sus obras anteriores a la guerra civil, pero se ignora prácticamente su producción posterior a 1940. Y sin embargo, es una producción extraordinaria tanto en volumen como en calidad. Por tanto, no alguna o algunas obras, sino que una gran parte de sus obras no han sido suficientemente conocidas, ni reconocidas.
Es frecuente leer cómo se reduce esta segunda etapa de la obra de Fernando García Mercadal a minusvalorar su trabajo para el Instituto Nacional de Previsión. Sin embargo, en las tres décadas largas durante las que Mercadal trabaja tras la guerra su producción es amplia -más de 200 proyectos- y muy variada. Hay en su producción magníficos proyectos de edificios de viviendas unifamiliares y colectivas, fábricas, inmuebles de oficinas, hoteles y, por supuesto, ambulatorios y residencias sanitarias repartidas por toda España.
Fernando García Mercadal consideraba, con toda razón, que la residencia sanitaria de Zaragoza, la conocida como Casa Grande, era su mejor obra, y sin embargo apenas ha merecido la atención de los estudiosos, que parecen considerar que un hospital no puede ser arquitectura de calidad.
En unos años se celebrarán 200 años del fallecimiento de Francisco de Goya y 100 años del Rincón de Goya.
Zaragoza es una ciudad que con frecuencia ignora, cuando no desprecia, la obra de algunos de su mejores artistas y creadores. Le ocurrió al propio Goya que llegó a escribir aquello de “en oyendo hablar de Zaragoza y de pintura me quemo vivo” y le ocurre también a Fernando García Mercadal. El Rincón de Goya es un edificio considerado unánimemente como una de las obras fundacionales del racionalismo español. Una de las pocas de su momento que mereció atención y reconocimiento internacional. No solo por sus formas innovadoras, también por su concepto como manera de homenajear a Francisco de Goya no con un busto o un monumento más o menos grandilocuente sino con un espacio ajardinado y un edificio que incluía sala de exposiciones y biblioteca.
En su momento el Rincón de Goya fue muy mal recibido por parte de la prensa zaragozana -no toda- que influyó en la opinión pública. El Ayuntamiento, propietario de la obra, apenas le dio uso, y tras la guerra lo regaló a la Sección Femenina de Falange que lo destrozó mediante una reforma infame. A partir de ahí, Mercadal consideró el Rincón de Goya como una obra desaparecida y no volvió al lugar. Posteriormente ha sufrido diferentes reformas, siempre con la pretensión de recuperar el Rincón de Goya original, pero sin resultado satisfactorios.
¿Cómo cree que se deberían rememorar estas efemérides?
Si en Zaragoza existe de verdad la voluntad de homenajear a Francisco de Goya y a Fernando García Mercadal, tanto entre sus personalidades más influyentes, desde la política a la universidad o los medios de comunicación, como entre el conjunto de la sociedad, la mejor solución sería recuperar el Rincón de Goya tal y como fue concebido por Mercadal, sin ninguna clase de interpretación.
Se conserva suficiente documentación de todo tipo para poder afrontar el reto con garantías. Pero tendrían que darse dos circunstancias que a veces no se tienen en cuenta: en primer lugar el Rincón de Goya no era solo un edificio sino un conjunto en el que el inmueble y los jardines que lo rodeaban formaban una unidad, y habría que recuperar todo el conjunto. En segundo lugar, la función a la que se dedicara tendría que ser coherente con aquella para la que fue creada, es decir la difusión de la figura de Goya.
Ejemplos de éxito de este tipo de recuperaciones de obras ya desaparecidas hay tanto a nivel nacional como internacional. Es posible desde todos los puntos de vista. También desde el económico como lo prueban otros gastos que afrontan nuestras instituciones en estos momentos. Lo que hace falta es voluntad política y una opinión pública bien informada.


