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14. EL ARAGÓN ACTUAL PASA A PODER DE ROMA

La posesión del Mediterráneo occidental entre romanos y cartagineses motivó que aquéllos llegaran a la Península en 218 a.C., hasta alcanzar su totalidad en 19 a.C. [v. mapa 13]. Naturalmente, también el Aragón actual pasó a depender de Roma.

En las tierras centrales del Ebro, la penetración romana halló un doble freno: la resistencia de los hispanos y las propias luchas civiles. Veamos tan sólo algunos de los rasgos esenciales de este doble proceso.

a) Hispanos contra romanos.

Los romanos hallaron pronto aliados entre los pueblos prerromanos [v. mapa 9]. Por su alto grado de iberización y por la importancia estratégica de las tierras que controlaban, los Sedatanos, entre cuyas ciudades destacaba Salduie (= Zaragoza), fueron los más importantes.

Pero, en general, los pueblos prerromanos se inclinaron por la resistencia ante el invasor romano. Ello motivó sistemáticas campanas militares, como la de Catón el Viejo (195 a.C.) contra los Iacetanos o la de Aulo Terencio Varrón (184 a.C.) contra Corbio, la capital de los Suessetanos, totalmente destruida. No obstante, fueron las tribus del Jalón y Jiloca las que opusieron más tenaz y difícil resistencia, dando lugar a las denominadas guerras celtibéricas.

En una primera fase, ya en 188-187 a. C., Manlio Acidinio tuvo que castigar duramente a estos pueblos que, rehechos, opusieron en 181 a.C. un ejército de 35.000 guerreros, que no pudieron evitar, sin embargo, el triunfo romano y la destrucción de varias ciudades celtibéricas, entre las que cabe destacar Contrebia. Tras un paréntesis de calma aparente, la segunda fase de la guerra celtibérica, entre 175-154 a.C. puso en pie de guerra a toda una coalición de fuerzas indígenas, cuya suerte fue trágica tras la conocida destrucción de Numancia (133 a.C.), situada en actuales tierras sorianas.

Sin embargo, desde finales del siglo III a. C., la principal resistencia antirromana la protagonizaron los Ilergetes, que lograron coaligar, entre otros, a Suessetanos, Ausetanos, Celtíberos y Sedetanos. Las actuales tierras oscenses e ilerdenses fueron escenario de cruentas luchas, destacando las acciones bélicas acaudilladas por Indíbil y Mandonio. Todo acabó con la presencia de Publio Cornelio Escipión Africano que, una vez dominados los Ilergetes, tuvo a su alcance el dominio del resto del valle del Ebro central.

Hacia el año 100 a.C., Roma pudo controlar, en la práctica, el territorio actualmente aragonés.

b) Romanos contra romanos.

El valle del Ebro era ya romano, pero la paz no acabada de llegar a estas tierras, porque la doble confrontación civil entre romanos trasladó al escenario luego aragonés sus propias diferencias, dirimidas con las armas.

En primer lugar, hemos de destacar la resistencia de Sertorio [v. mapa 16] al poder central romano, desde su base oscense; luego, los enfrentamientos civiles protagonizados por César y Pompeyo. En ambos casos, el apoyo de los indígenas fue decisivo. A pesar de ello, la paz total llegó a mediados del siglo I a.C., tras la victoria de César en Ilerda, en 49 a.C.