ÍNDICE POR ÉPOCAS

PREHISTORIA

10. CECAS IBERORROMANAS · A. Domínguez Arranz. 1991.

Uno de los principales problemas a resolver para la confección de un mapa de esta índole es la consideración de unas demarcaciones territoriales inexistentes en los siglos anteriores a la formación del reino de Aragón. Es importante, pues, de entrada hacer la aclaración de que este conjunto de ciudades que acuñaron moneda por voluntad romana desde principios del siglo II a. de C. estaba integrado en la Hispania Citerior y desde Augusto, en el Conventus Juridicus Caesaraugustanus. En ambos casos, los límites abarcan evidentemente un ámbito geográfico que sobrepasa con creces el pretendido por este Atlas.

El conocimiento y distribución de los talleres responsables de las primeras emisiones con leyenda en alfabeto ibérico estuvieron subordinados a la política de conquista que siguieron los generales romanos desde su desembarco en Ampurias. No fue así en las áreas mediterráneas donde el conocimiento y acuñación de la moneda vino ligado a la colonización griega. Los griegos iniciaron sus acuñaciones en el Mediterráneo occidental a mediados del siglo V a. de C., y las mismas Rhode y Emporiae, desde principios del III, ponen en circulación sus series de plata bajo la sucesiva influencia helénica y cartaginesa, muchas de las cuales fueron copiadas por comunidades célticas de la Galia e indígenas de la vertiente sur de los Pirineos. Estas dracmas ibéricas de imitación emporitana que, formaron parte de los botines de guerra, deben guardar relación con el argentum oscense mencionado por LIVIO.

Centrándonos en la cuenca aragonesa, la cronología de las acuñaciones más antiguas corresponde a Kelse, en torno al primer cuarto del siglo II a. de C., siguen en una primera fase Seteisken y Sekaisa, más tarde Alaun, Saltuie, Lakine y otras. La mayor densidad emisora está en relación con dos grandes conflictos bélicos, el celtibérico y el sertoriano-pompeyano, es decir posterior al año 133 y desde el 83 hasta la muerte de Sertorio. Luego, en una fecha imprecisa que puede rondar en torno al 45 a. de C., tras otro enfrentamiento bélico, esta vez entre cesarianos y pompeyanos, tendrá lugar la desaparición de una buena parte de los talleres indígenas.

Las ciudades que gozaron del derecho de amonedar bronce (sólo excepcionalmente plata) en el período republicano se articulan a lo largo de la principal arteria de comunicación, el Ebro y sus afluentes de la derecha, principalmente el Jalón-Jiloca en dirección a la Celtiberia. La influencia de los patrones y la tipología de las cecas costeras e lltirta queda patente en la mayoría de las sedetanas y se extiende hacia la Suessetania y zona ilergete-pirenaica, con una desviación hacia la Vasconia, donde encontramos ya fuera de nuestros límites un grupo con unas características particulares.

Ahora bien, en todo el conjunto sin duda el grupo de mayor relevancia es el de la Celtiberia, una zona de enorme conflictividad donde los romanos hallaron serias dificultades para la conquista y necesitaron de un importante volumen de moneda para enfrentarse a las soldadas de los indígenas enrolados en sus filas, amén de los estipendios que éstos debían pagar a sus dominadores. Turiasu y Belikiom, en el límite de la Sedetania utilizan los delfines de ésta en algunas emisiones, y la primera ejerce influencia en Nertobis y Bursau enlazando algunas emisiones con las del grupo vascón. Por su parte Sekaisa, como Bilbilis en una posición estratégica en la entrada a la Celtiberia, se nos presenta con una sistematización compleja debido al uso de varios y distintos patrones metrológicos.

No es fácil hacer una distribución geográfica de los talleres indígenas puesto que sigue habiendo una gran imprecisión en la localización de numerosas cecas. Son acertadas las ubicaciones de Bolksan, Bursau, Turiasu, laka o Saltuie, entre otras, porque el topónimo ha perdurado históricamente con escasas variantes, a pesar de que los niveles de ocupación anteriores al cambio de Era no están suficientemente corroborados en todos los casos. Recientemente asistimos a la polémica situación de la Bilbilis celtibérica en el yacimiento bilbilitano de Valdeherrera frente a la imperial Augusta Bilbilis; o bien Tamaniu que, de situarse hace unos años en tierras navarras hoy los últimos descubrimientos arqueológico-numismáticos apuntan a su ubicación en Hinojosa de Jarque (Teruel). Empezamos a conocer restos de la laca contemporánea a la actuación de Catón gracias a recientes trabajos en uno de sus solares urbanos. Insuficiente es la investigación de la sertoriana Bolskan, de la que por otra parte tantos testimonios histórico-numismáticos disponemos.

Sin duda, la ciudad que César erigió sobre el antiguo oppidum Kelse tuvo un carácter de dominio político y económico en el valle medio del Ebro, aunque por poco tiempo, al ser reemplazada por Caesaraugusta. Excepcional es la yunta fundacional que exhiben sus series acuñadas durante el segundo proconsulado del triunviro Lépido en la Citerior, como también lo es el elefante de los denarios bilingues de Usekerte Osicerda, ceca de ubicación incierta. Otros talleres que preceden a los imperiales perpetúan tipos acuñados en el período anterior, así el anverso con cabeza barbada de los denarios oscenses en Cn. Domitio Calvino acuñados tras su victoria sobre los ceretanos, o los ases con el jinete ibérico de Bilbilis Italica y Turiaso Silbis. Más tarde solamente Osca seguirá acuñando con este tipo.

Conocemos mejor las ciudades que continúan sus emisiones a lo largo del período imperial. Tras las reducidas acuñaciones cesarianas, la reforma monetaria de Augusto significa entre otras cosas la potenciación de una serie de ciudades qué habían destacado anteriormente. Después de Calígula las únicas amonedaciones que se autorizan son las de la metrópoli y las emisiones fraudulentas de época de Claudio lo serían posiblemente para subsanar las deficiencias en la llegada del metal a las provincias.

En resumen, hay un hecho a destacar en el conjunto de las series del jinete, y es que la uniformidad tipológica, no de metrología, desarrollada en la mayor parte del valle del Ebro durante un siglo poco más o menos, lo fue indudablemente por imposición romana. En las emisiones imperiales, con unos reversos más diversificados, entre los que destaca el toro, adoptado por un gran número de cecas de la Tarraconense, no puede faltar la imagen del emperador que garantiza su legalidad, al estilo de la metrópolis, y los nombres de los responsables monetarios, ambos elementos básicos para su datación y para conocer la evolución de estas magistraturas municipales. En la primera mitad del s. I. d. de C. Ia centralización monetaria acabará definitivamente eon las acuñaciones locales en la Península.

BIBLIOGRAFIA

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