Resumen: Luis Buñuel Portolés vino al mundo en la localidad turolense de Calanda el 22 de febrero de 1900. A los cuatro meses de su nacimiento, su padre decidió mudarse con su familia a Zaragoza, donde Luis aprendió sus primeras letras y, más tarde, cursó estudios secundarios. Este período de su vida, marcado por el colegio de los jesuitas y por las intermitentes visitas a su pueblo natal, resultó decisivo en su posterior evolución personal y profesional. Inmerso en una sociedad fuertemente jerarquizada en la que se despertó ya entonces su interés por temas como la muerte, la religión y el sexo, que años después constituirían la base de su obra cinematográfica. En 1917 se trasladó a Madrid. En la Residencia de Estudiantes, fundada por la Institución Libre de Enseñanza, trabó amistad con el también aragonés Pepín Bello y con otros jóvenes allí alojados, como Federico García Lorca y Salvador Dalí. En 1925, tras la muerte de su padre, se instaló en París. Según su propia confesión, vivamente impresionado por Las tres luces (1921) de Fritz Lang, decidió matricularse en la Academia de cine de Jean Epstein. En 1928 se estrenó como realizador con Un perro andaluz. El reconocimiento conseguido por este cortometraje mudo, de estética surrealista, impulsó al vizconde de Noailles a financiar su primer largometraje sonoro, La Edad de Oro (1930). En 1933, tras su regreso a España, rodó el documental Las Hurdes. Tierra sin pan. El Gobierno conservador en el poder prohibió su exhibición, incómodo porque se aireara de una forma tan cruda el retraso de dicha comarca extremeña. La Guerra Civil condujo a Buñuel hasta París para realizar distintas tareas propagandísticas en favor de la República. Una vez concluida la contienda, se trasladó a Estados Unidos, pero se vio obligado a abandonar el país al hacerse pública su condición de ateo y amigo de comunistas. En 1946 se afincó en México con su familia. Allí retomó su carrera de director de cine y desarrolló una dilatada y desigual obra, casi siempre provocativa y al margen de los convencionalismos, en la que se aúnan la crítica social y ciertas obsesiones personales. A esta etapa corresponden títulos como Los olvidados (1950), Robinson Crusoe (1952), Él (1953), Abismos de pasión (1953) y Ensayo de un crimen (1955). Desde mediados de la década de 1950 pudo alternar su producción mexicana con la filmación de varios largometrajes en Francia. Nazarín (1958) consolidó su prestigio internacional y le permitió dirigir en España Viridiana (1961). Tras El ángel exterminador (1962), Buñuel inició una nueva etapa con el apoyo del productor Serge Silberman y el guionista Jean-Claude Carrière. A ella siguieron Diario de una camarera (1962), Belle de jour (1967), La Vía Láctea (1969), El discreto encanto de la burguesía (1970), El fantasma de la libertad (1974) y Ese oscuro objeto del deseo (1977). Sólo abandonó su labor en Francia para rodar su última película en México, Simón del desierto (1965), y en España, Tristana (1970). Con su fallecimiento (29 de julio de 1983), desapareció una figura sin parangón en el mundo del cine. Un eterno inconformista, crítico con la realidad que le rodeaba y partidario de la libertad extrema que ofrecen los impulsos instintivos y el subconsciente onírico del ser humano.