Algunas veces, la recuperación de los escasos textos relativos a la arquitectura publicados en el último siglo en nuestro entorno cercano ofrece resultados tan peculiares como el de esta Memoria, editada en Zaragoza en 1889, que recoge las impresiones de uno de los más distinguidos arquitectos aragoneses de su época ante la Exposición que ese año tuvo lugar en París. Se trata de un texto repleto de admiración por la novedad, avisado de la importancia de su momento, justo en un tiempo en que los sistemas constructivos tradicionales iban a ser reemplazados por la imparable expansión de una tecnología todavía rudimentaria, pero sin duda impulsora de un camino sin posible retorno, precursora indiscutible de nuestra época actual.